Comenzó
a llover. Corrió a esconderse en un portal.
—Suerte
de vivir en esta ciudad...
Llegó
un transeúnte y encendió un cigarro. Arrojó el fósforo cerca de él.
Saltó a
un lado.
—Psss, oye...
El tipo
miró.
—¿Qué
pasa?
—Soy de
papel, ¿ves?
El otro
se quedó perplejo.
—Oh,
mucho gusto. Perdona.
Y le
dio la mano.
—No
aprietes.
Llegó
el inventor.
—¿Qué
haces?
—Ya
ves, conozco a la gente. El señor es amigo mío.
—¡Qué
hay!
—¡Hola!
—¿Ha
sido correcto?
—Sí .
Es maravilloso. No había reparado en él.
—Lo
hice en veinte días.
—Parece
real.
—Lo es.
Un ser ideal, único, con la historia del mundo en sus espaldas.
Y
señaló a aquel cuerpo cubierto de hojas de periódico, revistas, libros, facturas,
volantes, cartas, tarjetas postales, panfletos y láminas.
—Sin
músculos y sin nervios.
—Solo
entre el vidrio y el metal —dijo el ser—. Ellos tienen sus alambres y yo tengo
mis líneas de galera.
—Está
por el progreso de la Humanidad —dijo el inventor.
—Por la
unión de los continentes en una sola masa sólida —dijo el ser.
—Por la
paz.
—Por el
asalto a la Luna y su transformación en automóvil cósmico —insistió el ser.
—¿Qué
hace? —preguntó el transeúnte—. ¿Cómo vive?
—Me
leo. Estoy lleno de noticias, cubierto de fotos, cargo a mis espaldas los
sucesos del mundo. Soy la unidad...
—Interesante
—comentó el extraño—. Cuéntame algo.
El ser
adelantó uno de sus brazos con la siguiente leyenda en la página de una
revista:
"Interpolación
de los cuerpos"
—Mire
ahí...
El
transeúnte comenzó a leer en voz baja:
"Una
esfera, dice el profesor Redondo, es el punto de una dimensión mayor, el
comienzo de una línea en otra dimensión mayor. Un esfera está llena por dentro
de inquietud. Es una forma con un contenido que no reposa. El átomo no pudiera
concebirse dentro de un cubo. Ni el sistema solar. Por eso decimos que es
posible la interpolación de los cuerpos viajando a través de la materia
conocida, que no es compacta..."
—¿Qué
le parece?
—No sé.
No entiendo nada.
—Es
aburrido. Pero vea éste.
Apuntó
hacia su estómago:
"Un
grupo de perros ha cruzado a nado el canal de la Mancha. Al llegar a la orilla
cayeron rendidos. Unos gatos que merodeaban por la playa acudieron a
entregarles una copa. ¡Bienvenidos a la tierra del queso! Los perros saludaron
respetuosamente con las espaldas llenas de arena e hicieron ademán de quitarse
el sombrero...
—Inútil—dijo
uno de los gatos—.Está prohibido."
—Y
éste, ¿para qué sirve?
—No sé
—respondió el ser—. Para despertar la imaginación.
—Se lo
compro —dijo el transeúnte al inventor.
—No, no
puedo. Es mi orgullo. No le puedo vender mi orgullo.
—¿Cuánto
quiere? ¿Qué quiere?
—Nada.
No está en venta. No insista.
—¿No
puede hacer otro?
—No
quedaría igual. Éste es una suerte inmensa.
—¿Y la
fórmula?
—No hay
fórmula.
—Bueno,
el plan. ¿No fue anotando sus pasos? Puede construir otro, ¿no?
—Pero
no sería igual.
—¿Hablaría?
—No, no
sé. Creo que no. Creo que ya no puedo hacer más que éste.
—Mire,
déjese de boberías. Una vez hecho uno no debe ser difícil.
—¿Difícil?
¿Había visto uno antes?
Ángel Arango
Biografía del autor: http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81ngel_Arango
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